
Y surgen disputas políticas y territoriales
y aparecen fantasmas olvidados
y se descubren ausencias de colaboración y acomodo en la organización de las fiestas
y se desatan intolerancias irreflexivas ( ¡antónimos del título de mi blog!)...
Escuchaba atentamente a un amigo que me contaba la tensión habida en la cena familiar con sus parientes por afinidad ( que de afinidad, pese al parentesco "civilístico"... nada de nada). Y estaba realmente contrariado, enfadado y con firme intención de no regresar el año que viene a la "nochebuena" con la familia de su pareja...
Me vino a la mente la de familias en situación similar en estas fechas de dulces, luces y regalos que ante unos días que debieran ser únicos y especiales, los reconvierten en amargos, sombríos y cutres.
Tal vez se debiera cambiar el chip de mucha gente y tomarse al pie de la letra el deseo universal de Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Aunque sea por un instante para rodear de alegría a quienes acompañan en estas fechas.
Hoy, 31 de diciembre, yo sí os lo deseo no sólo por un instante, sino infinito en vuestros días